EL MEDITERRÁNEO, ALGO MÁS QUE UN MAR.

El término Mediterráneo se utiliza habitualmente tanto para referirse al mar propiamente dicho como a los territorios que lo circundan. El Mediterráneo es tanto la tierra como el mar. Es “ese ser profundo”, en palabras de uno de los más importantes historiadores del Mediterráneo, Fernand Braudel,  “suma interminable de azares, accidentes y logros repetidos”… a menudo bajo la “luz trágica” de la que hablaba Albert Camus que sin embargo define este espacio como “un país vivo, lleno de juegos y de sonrisas”. El Mediterráneo, ha trascendido el ámbito geográfico y ha elevado el término a la categoría de idea, de concepto, de personalidad histórica, de lugar cargado de representaciones.

El término Mediterráneo se utiliza habitualmente tanto para referirse al mar propiamente dicho como a los territorios que lo circundan. El Mediterráneo es tanto la tierra como el mar. Es “ese ser profundo”, en palabras de uno de los más importantes historiadores del Mediterráneo, Fernand Braudel,  “suma interminable de azares, accidentes y logros repetidos”… a menudo bajo la “luz trágica” de la que hablaba Albert Camus que sin embargo define este espacio como “un país vivo, lleno de juegos y de sonrisas”. El Mediterráneo, ha trascendido el ámbito geográfico y ha elevado el término a la categoría de idea, de concepto, de personalidad histórica, de lugar cargado de representaciones.

De hecho, cuando ahora se habla de “Mediterráneo”, salvo que de forma explícita uno se refiera a algún aspecto marítimo preciso, raramente se piensa, de forma automática, sólo en el mar o incluso en un territorio más o menos definido, sino que la mención de este término se convierte en una referencia inmediata al conjunto de cualidades, y diversidades de un espacio, más que del espacio en si mismo.

Es evidente que esta percepción se ha ido fraguando en épocas cercanas. El “nuestro mar” de Herodoto, el “mare nostrum” de Julio Cesar, el “mar de los Rum” de los textos árabes, el “mar blanco” de los turcos o el “mare mediterraneum” de Isidoro de Sevilla, eran “mares”. Vías de comunicación, de conocimiento, de aventura, de transporte, comerciales y espacios de confrontación. También, obviamente, donde aprovisionarse de alimentos del mar.

Aunque las mismas aguas han bañado todas las costas de este espacio, ayer y hoy, los horizontes no han sido exactamente los mismos: desde el norte o desde el sur, desde levante o desde poniente, la visión de este espacio difiere y las representaciones del Mediterráneo son, en consecuencia, diversas. Ese conjunto de diversidades es la riqueza cultural del Mediterráneo.